Puedes profanar cuanto desees de mi cuerpo. Al entrar cierra la puerta. Te amaré con tanto silencio que no se notará el disturbio. Tañerán besos las campanas y el pueblo no entenderá ni una palabra.
En el lugar de siempre
donde las piedras soportan el piar de la cañada
están guardados tu nombre y el mío.
Permanecen fieles a la promesa
del beso de nuestras manos.
La piedra fue más estoica:
Tú no viniste.