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viernes, 26 de diciembre de 2008

Poema sin nombre



Cuando tú te marchas
no dices adiós.
Hasta pronto;
ahorita vuelvo;
hasta después.
Hasta pronto es espera.
Ahorita vuelvo no lo es más.
Hasta después... es la eternidad.
El hasta pronto soporto,
el ahorita vuelvo es un poquito más,
el hasta después es asombro.
Hasta cuándo no lo digas,
tus despedidas son mi eternidad.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Equipaje



Traigo el polvo en los zapatos
y la piel sudando estrellas;
y en los ojos, bien guardados,
los últimos paisajes de mi tierra.
De adentro me brota el canto
de la gente de mi pueblo,
y la nostalgia cuando me marcho
y el ensueño cuando regreso.
Parto... y en el nudo de los puños
las uñas abriendo surcos,
para que por las grietas abiertas
se infiltren el sol y las palmeras.
Hay una ternura sin amarras
que viaja por mis venas,
desafiando las distancias
y haciendo nidos en la cárcel
de mis sueños;
y amanece;
y flamea;
en cada botón recién abierto.
Ni me sacudo el polvo;
ni apago las estrellas;
ni cancelo los recuerdos;
ni borro las imágenes en los pozos
de mis ojos;
ni acallo los himnos dentro de mi pecho;
ni me despierto del sueño;
ni restaño las heridas
para que sangren encuentros;
ni me despido;
ni renuncio;
¡Todo me lo llevo!
Quizás es, que no pueda;
seguro es, que no quiero.
En la adarga de mi puño
los aprisiono en silencio
y es mi equipaje al futuro
en mi nave del regreso.
¡Todo me lo llevo!
¡Y con todo yo me quedo!

martes, 11 de noviembre de 2008

Dimensión febril del desconcierto


¿ Y dónde está mi latitud perdida
que no me encuentro ?
¿ Qué hace mi cuerpo en estampida
gravitando en desconcierto ?
¿ Y esta fiebre en el surco de cada herida
corrompiendo el marfil de mis huesos ?
¿ A dónde fueron las flores de mi ansiedad cautiva
que entre cenizas azules arden en el brasero ?
¿ Quién prendió la idea convulsa, desmedida,
que puso alas en mi sombrero
y se infiltró en la oquedad desconocida
del interior de mi universo ?
Fue la fiebre del amor cuando se excita,
fue la Luna fría dibujada en el espejo,
fue la distancia de una caricia
conjugando los verbos para celebrar un te quiero.
Ahora... culpas no alcanzan: gravitan,
los culpables hurtan los pretextos
y sin embargo; la razón de esta fiebre
fue la osadía de un corazón calenturiento;
gestando auroras desde un vientre virgen, seco y añejo;
abortando luces en un mundo primerizo y ajeno.
Fue estéril el intento.
Ahora mi latitud perdida gravita
en la dimensión del desconcierto.
¡ Fue mía la culpa !
¡ LO CONFIESO !