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martes, 11 de noviembre de 2008

Dimensión febril del desconcierto


¿ Y dónde está mi latitud perdida
que no me encuentro ?
¿ Qué hace mi cuerpo en estampida
gravitando en desconcierto ?
¿ Y esta fiebre en el surco de cada herida
corrompiendo el marfil de mis huesos ?
¿ A dónde fueron las flores de mi ansiedad cautiva
que entre cenizas azules arden en el brasero ?
¿ Quién prendió la idea convulsa, desmedida,
que puso alas en mi sombrero
y se infiltró en la oquedad desconocida
del interior de mi universo ?
Fue la fiebre del amor cuando se excita,
fue la Luna fría dibujada en el espejo,
fue la distancia de una caricia
conjugando los verbos para celebrar un te quiero.
Ahora... culpas no alcanzan: gravitan,
los culpables hurtan los pretextos
y sin embargo; la razón de esta fiebre
fue la osadía de un corazón calenturiento;
gestando auroras desde un vientre virgen, seco y añejo;
abortando luces en un mundo primerizo y ajeno.
Fue estéril el intento.
Ahora mi latitud perdida gravita
en la dimensión del desconcierto.
¡ Fue mía la culpa !
¡ LO CONFIESO !

sábado, 8 de noviembre de 2008

AL ESTE DEL SOL Y AL OESTE DE LA LUNA


Hay un corazón repartido
en cada pauta de los caminos.
Si toma rumbo al sur
se pierde en sus locuras.
El norte devastado
le cerca las aventuras.
Un corazón sin rumbo
ha perdido los caminos
y se desgasta moribundo
en latitudes de olvido.
Tras la huella del este
el oeste le brindó abrigo
y le descalzó de amigos
los brazos fríos e inertes.
Al este equivocado del Sol
y al oeste incierto de la Luna
el corazón sin latidos de raíces
levantó una carpa nómada
en la huella sin nombre
de algún efímero eclipse.
Allí palidece de miedo
mientras adivina la espera
de colgarse a la cara del astro
donde más tibio amanezca.