Mis manos sin luz han tejido un nido de rosas entre los dedos. ¡Asombro para los ojos! Entre las palmas abiertas un ave de oro canta. Ha nacido un niño flor sin dolor.
Acuden a mí los fantasmas como en los miedos infantiles. Recorren los puntos de mi cuerpo y despiertan todos mis poros. Son sombras de otros tiempos con nuevos trajes y caras; pero tan tangibles y ciertos como aquellos días en que la felicidad anudaba mis zapatos.
Cuando te diga mañana, entiende hoy; cuando te diga espera, entiende ahora; cuando te diga no, entiende sí; cuando te diga nunca, entiende siempre; cuando te niegue, ámame; cuando te diga aléjate, abrázame. A fin de cuentas de malos entendidos se calienta la tierra.
Me gustaría escribir un verso con el nombre de tus labios. Me atrevería perfumar un verso con el olor de tu boca; así la noche olerá a tus besos y cuando me hables se limpiarán las huellas de tus besos sobre mi espalda. Un día voy a escribir ese verso y será un secreto entre tus labios y mis ansias. Nadie se dará cuenta.
Este inmenso desierto ante mis ojos me amedrenta. Navego de oasis en oasis y la verdad nunca llega. Me atrevo a sucumbir en busca de la letra perdida y la hoja en blanco me abofetea. Dicen que son oficios de poeta.
Tu boca sabe de besos y mi boca, de la tuya. Mis labios a veces rozan tu boca ausente de besos y mi boca, por un beso, se ha perdido en la espuma de los besos prohibidos.
La pluma escribe avatares con la simplicidad del orate, pone ritmos a los montes y escrutinia silencios en las calles. No se rinde la cordura y salpica de humedad a las auroras. Navegan sin rumbo los signos y caducan en cada boca. Estos versos no son locos: Es la Luna Llena.