miércoles, 27 de octubre de 2010

Verso profano


Me gustaría escribir un verso
con el nombre de tus labios.
Me atrevería perfumar un verso
con el olor de tu boca;
así la noche olerá a tus besos
y cuando me hables
se limpiarán las huellas
de tus besos sobre mi espalda.
Un día voy a escribir ese verso
y será un secreto entre tus labios
y mis ansias.
Nadie se dará cuenta.

La hoja en blanco


Este inmenso desierto
ante mis ojos me amedrenta.
Navego de oasis en oasis
y la verdad nunca llega.
Me atrevo a sucumbir
en busca de la letra perdida
y la hoja en blanco me abofetea.
Dicen que son oficios de poeta.

Contra la lógica


Tu boca sabe de besos
y mi boca, de la tuya.
Mis labios a veces rozan
tu boca ausente de besos
y mi boca, por un beso,
se ha perdido en la espuma
de los besos prohibidos.

Versos locos


La pluma escribe avatares
con la simplicidad del orate,
pone ritmos a los montes
y escrutinia silencios en las calles.
No se rinde la cordura
y salpica de humedad a las auroras.
Navegan sin rumbo los signos
y caducan en cada boca.
Estos versos no son locos:
Es la Luna Llena.

martes, 26 de octubre de 2010

Marea baja


Me amanece la almohada insomne
en los anocheceres de mis ojos
abiertos tras los párpados cerrados.
La espuma del cuerpo arremete
contra la orilla convulsa
del olvido de tu boca.
El corazón espera por la marea baja
para comerse los labios heridos de sal.

lunes, 16 de agosto de 2010

La quinta estación



Se perdieron las estaciones de la piel
con los años marcando los pasos;
ni un asomo de tono en cada cambio.
El amor se comió
los colores antes de tiempo.
La pasión se bebió
la ambrosía después del tiempo.
En la primavera de la piel
cada poro suspiraba por el verano;
el verano soñaba con hacer el amor
a la primavera turgente; bajo la piel
un verano incendiaba la noche
cuando ya el otoño se consumía en leños;
y los cuerpos: cada vez más lejos.
En invierno la lumbre encendida
apenas calentaba la miserable hoguera
con pretensiones de abrazarse en primavera.
Se nos quedaron los cuerpos yertos y huérfanos
mientras cada estación afloraba en la piel.
Ahora, quisiera en solo una noche
embriagar a mi piel desde el primer trago
de verano hasta el fondo del invierno.
Esta culpa es compartida. Inventemos una
quinta estación para revivir todas las perdidas.

Utopía


Utopía


Nuestros cuerpos se hicieron
añicos con las ansias de un beso;
fragmentos de piel se quemaron
en el fuego del adiós sin despedida;
murieron entre las manos los lirios
no ultrajados de la inocencia;
apenas hubo un roce en la vertiente
de la sangre en estampida;
pero más que la carne, a esta altura
vertical del tiempo sobre la piel,
me sigo emocionando con la utopía
de morirnos, ambos, por los ojos.